La política y los Juegos Olímpicos

7 Sep

El 5 de septiembre de 1972, terroristas palestinos de Septiembre Negro irrumpieron en la Villa Olímpica en Munich y secuestraron a 11 miembros de la delegación israelí.

El episodio se saldó con la muerte de los deportistas; dos de ellos al momento del secuestro y 9 en el fallido operativo de rescate. Cinco de los ocho terroristas murieron; tres fueron puestos en libertad tras sólo unos pocos meses de prisión en Alemania.
Esto fue, sin lugar a dudas, un atentado sin sentido, que a lo largo de los años todavía tiene sus repercusiones y mientras todos los involucrados no decidan sentarse a la mesa, con la plena disposición de perdonar, no habrá armonía y paz en esa región.

En la historia mundial han sido tantos los agravios de todos contra todos, que la única forma de solucionarlo es que todos bajen la guardia, ya que la política no puede ser un aspecto que inunde y absorba a los deportes, aunque desgraciadamente siempre han estado ligados.
Septiembre Negro apareció por primera vez en los periódicos, con motivo del asesinato del Primer Ministro jordano, Wasfi al-Tal, el 28 de noviembre de 1971 en el Cairo. Este acto fue también seguido por un atentado al embajador jordano en Londres, y por el bombardeo a una misión jordana de las Naciones Unidas en Ginebra.
La relación entre el deporte y la política pasó a ser de estrecha actualidad en las décadas siguientes. Durante un acto de premiación en 1968, en la ciudad de México, los atletas John Carlos y Tommie Smith alzaron sus puños enfundados en guantes negros, símbolo de los ‘Black Panthers’, una organización favorable a los derechos de los ciudadanos afroamericanos.

En Montreal 1976, 33 países y cerca de 300 atletas abandonaron las Olimpiadas para protestar porque el Comité Olímpico Internacional (COI) no había sancionado a Nueva Zelanda cuya escuadra de rugby había jugado en Sudáfrica, país excluido del movimiento olímpico por su política de segregación racial.

En los años siguientes, las tensiones relacionadas con los acontecimientos deportivos estuvieron vinculadas sobre todo con el clima de la Guerra Fría entre el bloque comunista y el de Occidente.

El presidente estadounidense Jimmy Carter decidió boicotear las Olimpiadas de 1980 en Moscú, como una señal de protesta contra la invasión a Afganistán por la Armada Roja. Asimismo instó a que otros miembros de la alianza atlántica hicieran lo mismo. Un total de 65 países decidieron no acudir al evento.

Cuatro años más tarde, los Juegos de Los Ángeles fueron el escenario de la venganza soviética: una gran parte de países del bloque comunista se negó a participar lamentando la falta de seguridad para sus atletas y dirigentes durante la prevista manifestación anticomunista.

A partir de los años ochenta, el fin de la Guerra Fría contribuyó a que se alentara notablemente la presión política sobre los grandes acontecimientos deportivos como los Juegos.

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