El futbol impide la guerra: Carlos Fuentes. Sin embargo…

16 May

Carlos Fuentes (QDEP) no era un asiduo fanático de los deportes y de hecho no le interesó escribir al respecto. En una entrevista antes de que iniciara el Mundial de Futbol de Alemania 2006, al escritor dijo: “Yo lo veo (el futbol) como un deporte que impide la guerra…es decir, más vale darse de patadas en un campo de futbol que en un campo de batalla”.

Y agregó: “Creo que el deporte tiene esa facultad de sublimar el instinto agresivo, el instinto guerrero del hombre, pero si quiere hablar de futbol hable con el escritor mexicano Juan Villoro, que ese sí sabe todo, yo no sé”.

Palabras muy ciertas, hemos visto encuentros de futbol muy civilizados entre países que han tenido guerras entre sí y no ha pasado nada, como ha sido Inglaterra vs Argentina, Estados Unidos contra Irán, México contra Estados Unidos, etcétera.

Sin embargo, si se le rasca un poquito a la historia se pueden encontrar casos que tiran esta teoría por la borda y si bien es verdad que el futbol no es el verdadero motivo de las guerras, sí es un buen pretexto para estallar conflictos.

El mejor ejemplo es la conocida como Guerra del Futbol o Guerra de las 100 horas, que surgió de un partido entre las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador, con motivo de las eliminatorias para la Copa Mundial de 1970, que se llevaría a cabo en nuestro país.

El fútbol exaltó nacionalismos destructivos y durante el partido de ida de las eliminatorias, en Honduras, los jugadores de El Salvador no pudieron dormir en toda la noche.

Hinchas hondureños rompían los cristales de sus habitaciones del hotel, hacían ruido y los insultaban. Perdieron 1 a 0, un deshonor que una salvadoreña no pudo soportar: cuando Honduras marcó, en el último minuto por medio de Roberto Cardona, agarró una pistola y se pegó un tiro.

El funeral fue cuestión de Estado y a él acudieron el presidente del gobierno y todos sus ministros, así como el seleccionado de futbol en pleno, que vio cómo su regreso al país fue un drama lleno de insultos e intentos de agresión a los que habían manchado el orgullo del país con su derrota.

La difusión de la victoria sobre los salvadoreños no cesó en los medios hondureños, no se frenaba el exceso de chovinismo, lo que provocó que un gran número de aficionados salvadoreños fueran insultados, además de ser víctimas de burlas por sus defectos físicos. Por su parte la prensa salvadoreña al enterarse de lo acontecido, difundió el rumor de que los alimentos consumidos por los jugadores salvadoreños habían sido adulterados, lo que caldeo los ánimos para el partido de vuelta en San Salvador.

A la vuelta, en San Salvador, la tensión era insoportable. Los jugadores hondureños sufrieron un terrible acoso: por la noche rompieron sus cristales y lanzaron ratas muertas por ellos.

Durante el partido, el himno y la bandera hondureña fueron objeto de insultos y profanaciones de todo tipo, además los aficionados hondureños fueron tratados y molestados de una forma mayor que lo sucedido en Tegucigalpa.

Perdieron 3 a 0, y el técnico hondureño dio gracias por haber perdido: habían tenido que ir al campo en carros blindados y las peleas fueron constantes.  Sin embargo,  se desencadenó una cacería de inmigrantes salvadoreños, que espantados huían de regreso a su país. Pocos días después,  El Salvador dijo que se estaba preparando para la guerra, se llamó a las reservas, se formaron milicias de apoyo y se difundía la idea de que estaban comprando armas en el exterior, así como la movilización de las tropas hacia la frontera hondureña.

El 27 de junio se realizaría un tercer partido de desempate en una cancha neutral (México), aun cuando un día antes El Salvador había declarado rotas las relaciones diplomáticas con Honduras. El encuentro fue duro y al final El Salvador se alzó nuevamente con la victoria 3-2 y representó a Centroamérica en la justa mundialista. Las hinchadas de ambos países debieron ver el partido separadas por casi cinco mil policías.

Después del triunfo salvadoreño, las cosas se complicaron aún más, El Salvador acusaba a Honduras de genocidio a sus ciudadanos, mientras que no cesaban sus amenazas de un ataque militar. Tuvieron que intervenir los observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), para intermediar ante la situación tan hostil.

Pero la guerra ya se había declarado cuando desde San Salvador se supo que la afrenta contra sus connacionales se lavaría con la guerra y de esa manera, el 3 de julio fue derribado un avión hondureño con un proyectil disparado desde territorio salvadoreño, cerca del territorio hondureño conocido como El Poy, quienes respondieron con una metralla.

La situación a cada minuto se iba agravando, El Salvador invadió Honduras el 14 de julio de 1969 y en las paredes de la ciudad de Tegucigalpa se arengaba a sus habitantes a “degollar al invasor” y a “vengar el 3 a 0”.

Fue una guerra breve, duró seis días, y lo que realmente impulsó el conflicto entre Honduras y El Salvador no fue el futbol, sino los intereses económicos de ambas burguesías, por un lado la naciente burguesía hondureña veía un sin fin de trabas al vivir bajo el yugo de las exportaciones salvadoreñas, pues atiborraban su mercado con sus mercancías. Por otra parte, la burguesía salvadoreña no quería perder sus privilegios en Honduras ni en el Mercado Común Centroamericano, pues sus mercancías se vendían un 25% más caro que fuera del mercado común.

Otro caso de conflicto entre dos naciones por el futbol fue entre Haití y Jamaica en 2011: el equipo sub 17 de Haití no pudo ir a la Copa Mundial de la especialidad, porque fue obligado a retirarse del torneo calificado en Jamaica, quien afirmó que dos jugadores de Haití y su entrenador dieron positivo en un examen de malaria y el resto del equipo fue puesto en cuarentena para proteger al público de la enfermedad. Haití dijo que los tres individuos no fueron cuidados adecuadamente y el resto de la delegación fue detenida, obligada a tomar medicamentos y tratados como criminales, hasta que salieron del país.

En cuanto regresaron a Haití, el país retiró a su encargado de negocios de Jamaica, mientras que miles protestaron por la capital, Puerto Príncipe, contra el trato que recibió su equipo.

Las eliminatorias para la Copa Mundial de 2010 también fueron el catalizador de un conflicto entre Egipto y Argelia en 2009, cuando el camión del equipo argelino fue detenido en Cairo. Como respuesta, Argelia le negó el aterrizaje a un avión egipcio, lo que desencadenó que cada país retirara a su embajador.

Las plumas láser fueron el problema que puso a prueba la quisquillosa relación entre Indonesia y Malasia en diciembre de 2010. El presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, levantó una queja formal ante la Federación Asiática de Fútbol después de afirmar que se utilizaron rayos láser para confundir a los jugadores durante un partido de la Copa Suzuki en Kuala Lumpur.

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